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PIDO PERMISO A DIOS [Mi poema]
Luis Sepúlveda [Poeta sugerido]

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MI POEMA… de medio pelo

 

Permiso pido a Dios para subir al cielo,
-descortés sería el hacerlo sin permiso-
para llegado allí poder cumplir mi anhelo
conociendo al fin por dentro el paraíso.

Puesto hay quien opina que todo es un camelo,
en tanto a esa verdad otros la contradicen,
mi duda quisiera aplacar, mi desconsuelo
confirmando cuánto hay de cierto en lo que dicen.

Y en esa impactante ilusión, si al edén toco,
toda, de un golpe, descargar mi adrenalina
cual si un día me hubiera acercado al Orinoco.

¡Cómo desearía asomar y hacerme el loco
quedándome a vivir feliz en una esquina,
juro que de sólo pensarlo me sofoco!

Perdón, no me guarde rencor ni tenga inquina,
a el que guarda las llaves de la gloria invoco,
si me devuelve aquí, que me eche gasolina.
©donaciano bueno

MI POETA SUGERIDO:  Luis Sepúlveda

MAR
Las mujeres de mi generación

abrieron sus pétalos rebeldes
de rosas, camelias, orquídeas y otras yerbas,
de saloncitos tristes, de casitas burguesas,
de costumbres añejas,
sino de yuyos peregrinos entre vientos.

Porque las mujeres de mi generación florecieron
en las calles, en las fábricas,
se hicieron hilanderas de sueños,
en el sindicato organizaron el amor
según sus sabios criterios.

Es decir, dijeron las mujeres de mi generación,
a cada cual según su necesidad
y capacidad de respuesta,
como en la lucha golpe a golpe,
en el amor beso a beso.

Y en las aulas argentinas, chilenas o uruguayas,
supieron lo que tenían que saber,
para el saber glorioso
de las mujeres de mi generación.

Minifalderas en flor de los sesenta,
las mujeres de mi generación
no ocultaron ni las sombras de sus muslos,
que fueron los de Tania.

Erotizando con el mayor de los calibres
los caminos duros de la cita con la muerte.

Porque las mujeres de mi generación,
bebieron con ganas del vino de los vivos,
acudieron a todas las llamadas
y fueron dignas en la derrota.

En los cuarteles las llamaron putas
y no las ofendieron,
porque venían de un bosque de sinónimos alegres:
minas, grelas, percantas, cabritas, minones,
gurisas, garotas, jevas, zipotas,
viejas, chavalas, señoritas.

Hasta que ellas mismas escribieron
la palabra Compañera,
en todas las espaldas
y en los muros de todos los hoteles.

Porque las mujeres de mi generación nos marcaron
con el fuero indeleble de sus uñas
la verdad universal de sus derechos.

Conocieron la cárcel y los golpes,
habitaron en mil patrias y en ninguna,
lloraron a sus muertos y a los míos como suyos,
dieron calor al frío y al cansancio deseos,
al agua sabor y al fuego lo orientaron
por un rumbo cierto.

Las mujeres de mi generación parieron hijos eternos,
cantando Summertime les dieron teta,
fumaron marihuana en los descansos,
danzaron lo mejor del vino
y bebieron las mejores melodías.

Porque las mujeres de mi generación,
nos enseñaron que la vida
no se ofrece a sorbos, compañeros,
sino de golpe y hasta el fondo de las consecuencias.

Fueron estudiantes, mineras, sindicalistas, obreras,
artesanas, actrices, guerrilleras,
hasta madres y parejas
en los ratos libres de la Resistencia.

Porque las mujeres de mi generación,
sólo respetaron los límites
que superaban todas las fronteras.

Internacionalistas del cariño, brigadistas del amor,
cmisarias del decir te quiero, milicianas de la caricia.

Entre batalla y batalla,
las mujeres de mi generación lo dieron todo
y dijeron que eso apenas era suficiente.

Las declararon viudas en Córdoba y en Tlatelolco,
las vistieron de negro en Puerto Montt y Sao Paulo,
y en Santiago, Buenos Aires o Montevideo,
fueron las únicas estrellas
de la larga noche clandestina.

Sus canas no son canas,
sino una forma de ser
para el quehacer que les espera.

Las arrugas que asoman en sus rostros,
dicen he reído y he llorado y volvería a hacerlo.

Las mujeres de mi generación,
han ganado algunos kilos de razones
que se pegan a sus cuerpos,
se mueven algo más lentas,
cansadas de esperarnos en las metas.

Escriben cartas que incendian las memorias.

Recuerdan aromas proscritos y los cantan.
Inventan cada día las palabras
y con ellas nos empujan,
nombran las cosas y nos amueblan el mundo.

Escriben verdades en la arena y las ofrendan al mar.

Nos convocan y nos paren sobre la mesa dispuesta.

Ellas dicen pan, trabajo, justicia, libertad,
y la prudencia se transforma en vergüenza.

Las mujeres de mi generación son como las barricadas:
protegen y animan, dan confianza
y suavizan el filo de la ira.

Las mujeres de mi generación
son como un puño cerrado,
que resguarda con violencia la ternura del mundo.

Las mujeres de mi generación no gritan,
porque ellas derrotaron al silencio.

Si algo nos marca, son ellas.

La identidad del siglo, son ellas.

Ellas: la fe devuelta, el valor oculto en un panfleto,
el beso clandestino, el retorno a todos los derechos.

Un tango en la serena soledad de un aeropuerto,
un poema de Gelman escrito en una servilleta,
Benedetti compartido en el planeta de un paraguas,
los nombres de los amigos
guardados con ramitas de lavanda.

Las cartas que hacen besar al cartero,
las manos que sostienen los retratos de mis muertos,
los elementos simples de los días
que aterran al tirano,
la compleja arquitectura de los sueños de tus nietos.

Lo son todo y todo lo sostienen,
porque todo viene con sus pasos
y nos llega y nos sorprende.

No hay soledad donde ellas miren,
ni olvido mientras ellas canten,
intelectuales del instinto, instinto de la razón,
prueba de fuerza para el fuerte
y amorosa vitamina del débil.

Así son ellas, las únicas, irrepetibles, imprescindibles, sufridas,
golpeadas,
negadas pero invictas mujeres de mi generación.

La più bella storia d’amore

L’ultima nota del tuo addio
mi disse che non sapevo nulla
e che arrivavo
al tempo necessario
di imparare i perché della materia.
Così, fra pietra e pietra
seppi che sommare è unire
e che sottrarre ci lascia
soli e vuoti.
Che i colori riflettono
l’ingenua volontà dell’occhio.
Che i solfeggi e i sol
raddoppiano la fame dell’orecchio
Che è la strada e la polvere
la ragione dei passi.

Che la via più breve
fra due punti
è il giro che li unisce
in un abbraccio sorpreso.

Che due più due
può essere un pezzo di Vivaldi.
Che i geni gentili
stanno nelle bottiglie di buon vino.

Una volta imparato tutto questo
tornai a disfare l’eco del tuo addio
e al suo posto palpitante scrissi
la Più Bella Storia d’Amore
ma, come dice l’adagio,
non si finisce mai
d’imparare e aver dubbi.

Così, ancora una volta
facilmente come nasce una rosa
o si morde la coda una stella cadente,
seppi che la mia opera era scritta
perché La Più Bella Storia d’Amore
è possibile solo
nella serena e inquietante
calligrafia dei tuoi occhi

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MI POETA INVITADO:  Alberto Escabias Ampuero

FUENTE DE SANTA MARÍA

Mis manos tocan las aguas
que bañan de luz la fuente;
su trémula piel, casi quieta,
mira al cielo, hundida en él.

Veo de cerca el rostro dócil
del agua, repitiéndose azul.
Agua que brota por el caño
del olivo con rumor sagrado.

Agua casamentera y divina
que reluce en la sed del novio
una y tantas veces hechizado
por el labio que la prueba.

Y quizá sea cierto el encanto
que las aguas a ti te cedieron,
o tal vez sea solamente el amor
el mayor embrujo de tu labio.

CASA DEL CABALLO ANDALUZ

Mira al abuelo
otra vez dueño del camino del aire
y del sol
y del eco de sus pasos
a solas con su sombra.
Otra vez niño de la tierra,
ángel de los campos
y de los caminitos verdes.
Otra vez joven
como esa flor llena de perfume
que en su tallo advierte
las recobradas
y verdes manos de un niño,
azules otras, cuando al agua
de las fuentes se acercan
y se suman al reflejo,
tan azules
que no hieren las aguas que tocan
ni el aire
ni el sueño iluminado por la memoria.

Mira al abuelo ahí en un agua
y en un aire
y en un sueño
y en todo lo que tiene textura
para el alma,
ahí donde el poema es poderoso
y sabiamente crece
más allá de las manos del poeta,
como un bello acuerdo
entre la luz y el poema.

Mira al abuelo
sobre la piedra menos cansada,
como un hombre puro
con su puro y su perdurable gozo.
Mira cómo se guarda este sol
y este día en lo azul de su alma,
y cómo sella toda ternura
en los establos callados de la noche,
donde los caballos
—secretamente enamorados del aire—
muestran las crines del verano
a quien conoce ya el fondo
de todos los paisajes.

(TODO EL AMOR)

Llevo en los ojos la costumbre
de quererte,
y quizá sea por eso, que no te miro,
que no te abrazo como antes,
como juré, ante Dios, que haría.

De ti quiero decir lo hermoso
deteniéndome en lo hermoso
y maridar mi lenguaje
con tu labio de tierra y uva,
y sembrarme solamente
en las palabras del querer,
y decirte toda
con la voz trayéndome semillas.

De ti quiero decir lo hermoso
deteniéndome en lo hermoso,
decirte entre lo vivo
y, también, ahora,
vestida de negro tu luz.

El abuelo duerme y duerme,
y no diré cuánto
para que a la abuela no la hiera
ni una palabra sola.

Mira a la abuela en tu abrazo tierno
y pujante, tan amada.
Mira cómo hunde su queja cantora
sobre tu hombro de atalaya.

Mira a la abuela en tu abrazo de pena;
pena tuya y pena mía,
pena unitiva pero sola,
pena propia de mí
de la que no has necesitado apropiarte
porque también es la tuya
como lo es tu incontable lágrima,
tan bella, tan purísima.

Y es ahora, llenos de vacío
y vestida de negro tu luz,
es ahora
cuando más marida te siento.

Aunque lleve en los ojos
la costumbre de quererte,
de ti quiero decir lo hermoso
deteniéndome en lo hermoso,
y sobre tu beso poner mi cante
y abrazar tu riqueza, toda,
como un niño hambriento
y gentil
que alegremente toca
los pliegues del aire.
Y quiero decir todo el amor
en un momento
porque del amor
creo saber lo mismo que un niño:
que es para siempre.
Ediciones en Huída

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Donaciano Bueno Diez

Donaciano Bueno Diez

Editor: hombre de mente curiosa, inquieta, creativa, sagaz y soñadora, amante de la poesía.

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