A todos los amantes de la literatura en sus distintas formas o variantes...
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MI POEMA ...de medio pelo |
Mi amiga Zoe, Linda y coqueta, Vigía al frente, En el paseo ¿Que un perro malo Con pajarillos Y este estribillo |
Hace tiempo que ella está ya en el cielo de los perros. Hoy la miro y la echo de menos.
Una muestra de sus poemas
Ecosistemas (o El Evangelio según el FMI)
El día menos pensado el presidente del FMI
y algún organismo internacional culparán
a valles, bosques y montañas de socializar
oxígeno puro entre la población.
Dirán que son narcotraficantes de la naturaleza,
peligrosos ecoterroristas
y les declararán la guerra en nombre de la libertad.
Los culpables serán convertidos
en muebles de diseño
o en mercancía de tiendas suecas.
Nada es gratis y mucho menos vivir en paz.
Sirva la presente notificación como advertencia
para mujeres,
animales
hombres
y
bosques.
(Editorial La Vorágine, 2017) y en Casa de Zitas (Editorial Quadrivium, 2019).
Geometría de una tarde inhóspita
Rosas y lagartijas pasean su orgullo por mis venas.
El sol tendido sobre tu espalda nos sonríe.
Sabe que los pistoleros de la infancia
siempre disparan contra los guardianes de la memoria.
Abro mi estómago y decido limpiar su calendario.
Hay demasiados nervios escondidos en la guarida.
Demasiadas mariposas atrapadas en líquidos
poco románticos, nada semánticos.
En el hospital con nombre de culebra,
los cirujanos afilan sus espadas
para sacar de mis venas cientos de rosas y lagartijas.
Y yo aún no sé si quiero vivir con ellas o sin ellas.
Demasiadas dudas para una tarde inhóspita.
Última parada: Hotel Silencio.
Dirán
Dirán que no nos pertenece la lluvia,
ellos que ven una nube y ya están vendiendo ríos
a los náufragos.
Dirán que la historia ha terminado,
mientras cientos de huesos rotos siguen aullando
en las cunetas.
Dirán que los días tienen demasiada luz
y oscurecerán las horas
con sus ojos de cementerio.
Dirán que la comida es gratis
y llenarán tu plato
con la ceniza del último bosque.
Dirán que el dolor no existe,
mientras un rumor de vendas
muestra el mapa de todas nuestras heridas.
Dirán que dos y dos son cuatro,
cuando tú y yo sabemos
que dos y dos pueden ser cuatrocientos,
cuatro mil, cuatrocientos mil,
si nos lo proponemos.
Vietnam bajo la cama. Amargord Editorial.
Taormina: roja ciudad de sueños de seda
Regreso a Taormina,
a la intimidad de sus calles,
a su agitada respiración
de amante sorprendida,
y a esas acaloradas citas a ciegas
en el Wunderbar, tras largos vasos de martini,
con el sudor rubí en la cintura
y el deseo trenzado
sobre infiernos de seda.
Amo Sicilia,
amo ese aroma
a hierro candente
que se derrama por el valle,
prende los rastrojos del camino,
y aviva la lujuria del turista más gélido.
Mi cabello irlandés se enciende
hasta estallar en rizos febriles.
Cuando el Etna despierta,
deja un rastro de lava enfurecida
y sus venas abiertas nos muestran
un paisaje rebelde, extraño, enigmático.
Como una lengua en celo,
la isla gime pasiones y delirios.
Volcán de volcanes,
piedra tallada en noches sin máscaras.
Amo esas horas tórridas
en las que yo no soy yo,
y mi ausencia es locura a borbotones.
Ocho islas y un invierno. (El desembarco editorial)
Tarde de invierno
La cama revuelta,
dos copas vacías y un rastro de champán
sobre el sofá. Debió de ser allí
donde el sujetador se independizó de mi cuerpo
sin referéndum alguno.
La rapidez de tus manos rompió el vértigo
de nuestra primera cita
y de los corchetes del wonderbra.
En el hotel impartían una conferencia
sobre “las cien formas más rápidas
de conseguir la felicidad”.
Aquella tarde tu boca se perdió entre mis piernas.
Tengo que averiguar si alguna
de las sugerencias del conferenciante recomienda tu lengua…
El resto fue una suite de Bach rompiendo
la guitarra de Jimi Hendrix,
hasta que tu marido primero
y después el mío
llamarón al móvil pidiendo instrucciones y respuestas.
Que si el pequeño no quería cenar verdura
que si a la mayor se le había infectado el labio
con el nuevo piercing.
¿Dónde está la salsa de tomate?,
¿y la mercromina?,
¿a qué hora vuelves de la reunión?
Al escucharle,
se te cayó el mundo a los pies,
y a mí me dio risa verte así,
tan frágil y tan fuerte al mismo tiempo.
Tan cerca de mí,
pero tan lejos.
Un café, deprisa,
que nos suban un café, me dijiste.
Y nos subieron por error
otra botella de Moët Chandon que nos bebimos
entre sales de baño y confesiones.
Cuando desperté,
tu perfume seguía danzando por la habitación.
Sobre la mesa un café frío
y una nota cálida.
«No he querido despertarte.
¿Nos vemos el jueves?
Conduce con cuidado.
No sé si te amo,
pero sé que te necesito.»
La Victoria del Heno.
Amargord Editorial.
Il Vuoto
I
Soy el abismo que huye a tierra firme,
una isla perdida en busca de océanos y náufragos,
el tiempo que se observa en las heridas de un reloj.
Me transformo,
me disuelvo,
soy tigre,
soy agua,
soy el vacío.
II
He aprendido a leer el lenguaje rizado del silencio.
Soy consciente del bosque que me habita,
de la noche que se esconde
entre los dedos.
A menudo nado por debajo de mí misma,
hacia zonas subterráneas
y oscuras.
Ocho islas y un invierno. (El desembarco editorial)